Soy Licenciada en Economía y al inicio de mi vida profesional trabaje en la Secretaría de la Reforma Agraria y el Servicio Estatal de Empleo, precisamente en esta oficina gubernamental tenía el puesto de Coordinadora del Área Técnica cuando por invitación de un amigo ingrese a dar clase en el Colegio de Bachilleres de Progreso que abría, en aquel septiembre de 1987 sus puertas a los jóvenes de esta Localidad de Progreso Yucatán.
En un inicio aspiraba a impartir la asignatura de Metodología de la investigación, pero al presentarme a la escuela me informaron que impartiría matemáticas en un grupo, por cierto el Colegio comenzó a trabajar con cuatro grupos de primer semestre, de esta manera me inicie en la docencia que en ese entonces combinaba con mi trabajo en el Servicio Estatal de Empleo.
En el trascurso de un año pase de dar clase en un grupo a impartir clase a cuatro grupos, por lo que decidí renunciar a mi puesto de trabajo en el servicio de empleo, para entonces había tomado algunos cursos de elaboración de objetivos, de pruebas y psicología del adolescente, entre otros, y la verdad ya le había agarrado gusto a la docencia, el ambiente de trabajo es tan diferente al que se realiza en otras áreas, es una actividad cercana a seres humanos maravillosos, en donde tenemos la enorme oportunidad de participar en la formación humana y profesional de los futuros dirigentes de la comunidad, el Estado o el País. Estos jóvenes con los que convivimos cada día nos incluyen en su vida dejando en nosotros una huella imborrable y un sinfín de conocimientos, ver cómo aprenden y se transforman es motivo de satisfacción.
Recuerdo a varios de mis alumnos que sufrían con la asignatura de matemáticas y a pesar de eso hoy son Ingenieros civiles, en sistemas, médicos, contadores, etc., algunos de ellos ya son colegas y compartimos las aulas.
No me arrepiento de haber renunciado a ejercer mi profesión por que en la comunidad escolar encontré mi futuro y mi realización personal. Claro como en todo existen algunos aspectos que provocan malestar como es el caso de no contar con herramientas que faciliten nuestra labor, la falta de apoyo de los directivos e incluso la mala remuneración económica a nuestra labor.
Es agradable compartir con todos ustedes mis vivencias y leer las suyas porque así podemos constatar nuestras mutuas satisfacciones o malas experiencias, en verdad que muchas de las cosas que expresan tienen mucho en común con lo que he pasado, llegue por azares del destino y aquí seguiré con todas las ganas del mundo hasta que Dios quiera.
Alicia Sosa